LA LIBERTAD INDIVIDUAL
Extracto de la colección
de la revista "Logosofía", tomo V, páginas194-196
Título del artículo:
El grave dilema que plantea a la humanidad la hora actual
"La libertad individual, inspirada en las profundidades de la conciencia, permite al hombre ser útil a sus semejantes, a la sociedad y a todo el mundo, desde que buscando la superación por el esfuerzo, y la capacitación mental por el ejercicio de la inteligencia, encuentra dentro de sí, en la intimidad de su corazón y en la potencia de su pensamiento, inestimables recursos que le permiten poner de manifiesto, en provecho de los demás, el fruto de sus estudios, de sus meditaciones, que siempre, en todas las épocas, ha servido como punto de referencia, muchas veces de incalculable utilidad, tanto a los hombres de Estado para la dirección de los negocios de su país, como a los que tienen a su cargo el estudio y sanción de las leyes que hacen posible el mantenimiento de la estructura política en sus formas respectivas de gobierno, y de la social en sus múltiples aspectos.
La libre exposición de las ideas es signo inconfundible de progreso y civilización, cuando ellas tienden hacia el bien y constituyen un aporte para la solución de los problemas o para el perfeccionamiento de la leyes y de las normas vigentes en la sociedad, y también cuando contribuyen al mejoramiento de la inteligencia, de la moral y de todo cuanto concierne al ser en el sentido de aumentar sus posibilidades y extender su vista a otros más altos destinos. Pero si la libertad individual es afectada en sus más legítimos y naturales derechos de expresión, el espíritu se cohibe, la razón sufre el agravio inferido a la dignidad, y el pueblo todo, herido en sus más hondos sentimientos y rebajado en su condición moral, llega a pervertirse, ya por la indiferencia, ya por el servilismo o la irresponsabilidad.
Los grandes gobernantes se inspiraron siempre en el pensar y sentir de sus gobernados. Escuchándolos, llegaban a conocer a fondo las inquietudes que palpitaban en el corazón de los mismos, y de sus pensamientos, expuestos con libertad de conciencia y aun auspiciados por la anuencia oficial y la oportunidad de la circunstancia, extraían valiosos elementos que les permitían luego lleva a cabo los mayores aciertos. Y como estos aciertos tenían mucho que ver con las aspiraciones de sus pueblos, acontecía que brotaban de los mismos las más espontáneas manifestaciones de júbilo y de aplauso para el gobernante y su gobierno.
Sería absurdo pensar que la libre emisión de las ideas dentro de un marco de respeto y corrección, de claridad de expresión, de pureza de intenciones, pueda afectar la solidez de un gobierno o el concepto que inspire un gobernante a su país, como sería absurdo también, suponer que la sociedad humana habría de desintegrarse por el hecho de que cualquiera de sus miembros emitiese su pensamiento sosteniendo esta o aquella idea, o su parecer sobre lo que, a su juicio, correspondería establecer respecto a la modificación del edificio social. Justamente, no podría ser otra la oportunidad más propicia que los que vieran un desacierto en la exteriorización del pensamiento del semejante, lo demostrasen, exponiendo con claridad de opinión y sinceridad de miras, en qué estriba el error o, si no lo hubiera, el motivo por que no sería viable el temperamento expresado. Habría, sin duda, quienes defendiendo la posición sustentada por aquél y aportando a su vez nuevos elementos de juicio, completarían la imagen expuesta, y también, quienes sostendrían lo contrario; pero nadie podría negar que el encuentro de las ideas en una dilucidación pública, cuando éstas tienden a altas finalidades, beneficia a todos, desde que cada uno puede apreciar el grado de solidez y veracidad contenido en los pensamientos expuestos y, asimismo, las ventajas que pueda tener la aplicación del mejor a la realidad, puesto que así ha sido siempre, cuando se ha tratado de lleva a cabo las grandes o pequeñas reformas a las normas vigentes de la estructura política y social, tal como lo han demandado en diversas épocas las circunstancias que, como se sabe, difieren mucho unas de otras a medida que los pueblos progresan y aumenta el volumen de sus necesidades, de sus deberes y la expansión económica de los mismos.
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Lo que ha dañado a la libertad o, mejor aún, al concepto de libertad -bueno es reconocerlo y declararlo-, es la licencia y el desquiciamiento y derroche de las prerrogativas que confiere la libertad. Esto es lo que debe frenarse volviendo por los fueros del orden y de la limpieza moral, pero sin perjudicar los nobles fines de la libertad, en su más pura y diáfana expresión de plenitud."
Carlos Bernardo González
Pecotche (Raumsol)
(Revista "Logosofía"
Abril de 1943, pág. 9)